Hemos sido testigos de los cambios que ha ido teniendo la educación a lo largo de la historia y si bien es cierto que muchas personas consideran que anteriormente la educación era más seria, había más disciplina y se inculcaban más valores; también es válido decir que lemas como “la letra con sangre entra”, dejó más de un traumatizado; recursos como el cuaderno de Norma con hojas amarillas, cuyo contenido se repetía año tras año, incluso las actividades y las evaluaciones; lograba cierto grado de recursividad en los estudiantes, pues buscaban hasta encontrar el cuaderno de algún amigo y ahí estaba todo. No pretendo ridiculizar la educación de años atrás porque yo soy producto de ella, pero sí me alegra el hecho de pensar que ésta no es estática y que se han ido cambiando pensamientos con respecto, por ejemplo, a la figura del profesor, quien deja de ser el que todo lo sabe y pasa a ser lo que siempre ha sido: un ser de carne y hueso con equivocaciones y aciertos; se pasa de la palabra y el tablero a la utilización de diferentes medios didácticos, en lo cual la tecnología juega un papel fundamental. Me alegra poder concebir al estudiante como el protagonista de su propio aprendizaje, quien puede preguntar, proponer, ejecutar, argumentar, evaluar, entre otras.
Pero todo no es color de rosa, pues los cambios no son asumidos por todas las personas de igual forma, lo que para unos es benéfico, para otros puede ser malo, lo que sí es cierto es que para unos y otros, crean miedo e incertidumbre; desestabiliza lo que por mucho tiempo fue regla sine qua non, por lo cual se tienen diferentes miradas para asumir procesos centrados en la persona, máxime si pensamos en la mayoría de estudiantes de esta generación quienes, amparados por lineamientos ministeriales, se acostumbraron al modelo tradicional que exige menos, a la ley del mínimo esfuerzo, a ver el colegio como el lugar para hacer vida social y no para potenciar sus habilidades; para ellos, este nuevo modelo significa soledad en el proceso que puede provocar un alto índice de deserción escolar y sería normal que muchos se preguntaran que si el maestro no enseña ¿para qué le pagan?.
El anterior panorama no puede ser un impedimento y desfallecer en el intento de formar personas con un alto grado de responsabilidad frente a su proceso de aprendizaje, íntegras, con buen desarrollo de competencias, las cuales le permitan desenvolverse efectivamente en el mundo laboral, social y familiar. ¿Qué tenemos que hacer?, no sé; ojalá tuviera la respuesta. Sólo puedo decir que, entre muchas otras cosas, para lograrlo necesitamos renovar currículos, crear una cultura autodidacta, potenciar el desarrollo del pensamiento crítico y no preguntar esperando respuestas únicas, es más, debemos dejar que el estudiante sea quien pregunte y debemos capacitarnos constantemente porque el desafío que tenemos es grande.
Hola Erica!
ResponderEliminarSoy Jorge y estoy en Monterrey, Nuevo León, México, la cuna del ITESM. Antes que nada gracias por compartir tus comentarios tan enriquecedores. Me parece interesante que menciones cómo es que aunque somos productos de una educación tradicional, no vemos ésta como la solución a los problemas educativos globales y actuales. Concuerdo con esa visión que tienes de que es necesario reinventarnos y hacer de nuestra labor una que busque más alla de la simple transimisón de conceptos y conocimientos a nuestros alumnos, la formación y desarrollo de su propia capacidad de aprender y de las demás competencias para que puedan convertirse en verdaderos ciudadanos del conocimiento, como lo mencionan Buendía y Martínez. Para mí fué muy interesante de ésa lectura en particular, el conocer el trasfondo social, histórico y GLOBAL de los conceptos de sociedad del conocimiento, ciudad del conocimiento, y cuidadano del conocimiento, así como saber cómo es que encaja esto junto con el concepto de competencias y el modelo educativo centrado en el alumno. Espero que como lo menciones, podamos como alumnos en esta Maestría en Tecnología, adquirir las herramientas para crear una cultura que desarrolle las competencias en nuestros alumnos, y así lograr ser mejores guías para ellos.
Saludos,
Jorge